31 julio, 2015

Empleados, la asignatura pendiente




Interesante este breve análisis (In social business analytics, maturity is relative) que hacen en Altimeter de los datos de su último informe sobre el estado del Social Business.

Pero siendo relevante lo que se destaca en la reseña, lo que realmente me llama la atención es que lo que figura en el último lugar de la gráfica es el apoyo de los empleados. Por debajo del de los clientes.

No sé si es porque refleja la penetración real de los entornos sociales entre las personas en edad de trabajar (recuerda que en EE.UU. la gente no se jubila a los 65), o porque los empleados están aun menos interesados que los clientes en apoyar a su empresa públicamente.

Si se trata de esto último, el dato es preocupante. Muy preocupante. Porque reflejaría una fractura enorme entre los intereses de la empresa y los de las personas que la conforman. Y me da la sensación de que esos empleados entre cuyos intereses no está apoyar a su empresa, difícilmente van a conseguir proveer a los clientes con productos y servicios que marquen la diferencia y conviertan a esos clientes a su vez en embajadores de la marca.

Ahora toca leer el informe en detalle, seguro que hay información interesante.

30 julio, 2015

Barcos que vuelven a puerto

Hace poco más de un año publicaba sobre barcos que no se quedan en puerto. Hoy toca hablar del regreso de esos barcos.

Hablaba entonces de una aventura no exenta de riesgos, y esa aventura ha tocado a su fin. Un fin que ha llegado antes de lo que esperábamos, es verdad, pero que nos permite volver a tener cerca a los nuestros, a quienes hemos echado mucho de menos.

Esta aventura nos ha aportado mucho a toda la familia. Nos ha dado unidad, flexibilidad, madurez, apertura de mente..., nos ha ayudado a vivir, porque la vida es esto, el camino que andamos, el ser capaz de aprovechar cada oportunidad y cada momento, el entender que hay otras personas que viven de forma diferente, con otros gustos y otras costumbres. Ni mejores ni peores, distintos. Y entenderlo, respetarlo y adaptarse a eso alimenta tu tolerancia y tu riqueza vital.

De estos 12 meses volvemos con las redes muy llenas. De experiencias y de amistades. Es sorprendente cómo en tan poco tiempo pueden consolidarse relaciones profundas que sabes a ciencia cierta que durarán para siempre. Es sorprendente cómo ver cómo se hacen las cosas en otros países te ayuda a poner en contexto cómo se hacen las cosas en el tuyo, a valorar lo que tienes y a ver las grietas que hay que reparar.

Fuimos a Texas condicionados por la imagen que uno saca de la televisión: un lugar seco y polvoriento con gente ruda y seca, y nos hemos en encontrado un estado verde en el que hemos pasado probablemente el año más lluvioso de nuestras vidas, y en el que el término "amistoso" se queda corto para describir a la gente que hemos conocido, algunos de los cuales nos han tratado casi como miembros de su familia. Algunos de los cuales nos han ayudado como a miembros de su familia.

Ahora toca el camino de vuelta: Recuperar nuestra casa, buscar trabajos, colegios, ..., montar la vida de nuevo. Y no es fácil. De hecho es más duro que el camino de ida porque en nuestra cabeza y en la de los que nos esperan está la idea de "vuelta", pero nosotros ya no somos los mismos que nos fuimos.

En la vida los cambios asustan, producen vértigo, pero también produce vértigo sucumbir al miedo, rechazar el cambio y estar el resto de tu vida pensando qué habría pasado si te hubieras subido a ese tren que pasó.

Volvemos a puerto. Afrontamos una nueva etapa. Allá vamos.


10 julio, 2015

Publicidad irresponsable.

No sé por qué sigo leyendo Mashable. Por cada cosa interesante que encuentro, veo dos que me ponen de mal humor.

Hoy me han descubierto la última barbaridad en publicidad irresponsable.

En el publirreportaje que enlazo (que por cierto no dice en ningún sitio que lo sea, pero es más que evidente, sobre todo porque en bio de la cuenta de Instagram que enlazan animan a beber una determinada bebida) se hacen eco de una "iniciativa rebelde" de chicas que demuestran con fotos en Instagram que ellas no solo comen lechuga sino también comidas "de chicos" (no lo digo yo, lo dice así Mashable: "the rejection of the notion that ONLY dudes eat these foods").

Y hasta ahí me parece bien, cada uno que haga la publicidad como quiera. El problema es que la cuenta y el hashtag (etiqueta) que promueve se llama "girlswithgluten" (chicas con gluten).

El gluten es un conjunto de proteínas que están en ciertos cereales, entre los que está el trigo. Entre un 1 y un 2% de la población general padece celiaquía, que es una enfermedad autoinmune provocada por comer alimentos con gluten y cuyo único tratamiento es seguir una dieta completamente exenta de gluten, lo que en determinadas situaciones, sobre todo comiendo fuera de casa, puede ser una pequeña pesadilla.

Me pongo a ver las fotos que se están etiquetando con #girlswithgluten y las que publica esta cuenta de Instagram, y lo que veo son las típicas fotos de chicas y celebridades trendy a las que cualquier adolescente le gustaría parecerse. Y se me antoja arriesgado promover la ingesta de gluten entre una población que es capaz de muchas cosas por sentirse a la moda, incluyendo algunas como ésta que pueden ser perjudiciales para su salud tanto a corto como a largo plazo. La vida de una adolescente celiaca es ya bastante complicada de por sí como para que vengan unos irresponsables a asociar comer gluten con estar a la última.

No podrían haber elegido un lema neutro como girlswithjunkfood, girlswithgluttony o gluttonousgirls, por decir tres que se me han ocurrido sobre la marcha y que creo que transmiten exactamente el mismo concepto.

Otra vez más que vengo a este blog a quejarme, pero es que cuando imagino la reunión en la que a algún listo se la ha ocurrido la idea y a todos los asistentes aplaudiendo la ocurrencia se me encienden las ganas de escribir.

Más sobre este mismo tema en Comer sin Gluten.

10 junio, 2015

Medicina y transformación digital

Gracias a Dioni Nespral llego a este interesante artículo en Forbes sobre lo que evidentemente es la transformación digital de la profesión médica.

Es muy interesante, pero no hace sino destacar que la profesión médica no es inmune al impacto que esta transformación supone en su forma de desempeñar su trabajo.

Y casi me alegro de que así sea, porque de otra forma no se trataría de una transformación real.

Historia clínica electrónica, pacientes con acceso a las mejores fuentes científicas con información sobre sus dolencias, a estadísticas de doctores y hospitales, a opiniones de otros pacientes, dispositivos que recogen más información que la que los doctores están acostumbrados a procesar, que aun no se "hablan" con fluidez con los sistemas que usan los profesionales, multitud de canales de comunicación con sus pacientes actuales, pasados y potenciales, caída de la barrera física que supone la consulta gracias a esas herramientas de comunicación, el impacto que tiene en todo esto las correspondientes legislaciones de protección de datos…

Si todo esto que "nos" está pasando es un reto difícil para maestros, periodistas, etc., para los médicos y todo su entorno profesional es complicado. Muy complicado.

Algo a primera vista tan sencillo como la historia clínica electrónica es algo que lleva siendo un reto desde hace muchos años (este artículo tiene ya diez años y ya hablaba de la necesidad de avanzar en estos temas). Y es complicado por muchos motivos.



1.- "A mano o a máquina"

Parece de perogrullo, pero no nos olvidemos de que un porcentaje muy alto de quienes están practicando la medicina hoy se formaron escribiendo principalmente a mano (por no hablar de la tradicional mala caligrafía que es casi un símbolo de diferenciación de los médicos) pero se les está exigiendo que lleven todos estos registros "mecanografiados".
Esto conlleva necesariamente más tiempo. Una barrera más antes de empezar.

Además, cuando se está frente al paciente, no es lo mismo tomar notas en un papel, que permite un contacto visual más natural, que hacerlo en un teclado.



2.- ¿Quién diseña e implanta los sistemas?

¿Los médicos? ¿Técnicos de sistemas? ¿Los gestores de los centros médicos y hospitales? ¿Los responsables de un servicio concreto?

Posiblemente habrá casos para cada una de las respuestas posibles, y en cada uno de ellos esa respuesta condicionará el resultado de lo que se implante y cómo se implante.


3.- ¿Buscando qué objetivos?

¿El mejor seguimiento del paciente? ¿Un mayor control del profesional? ¿La gestión del conocimiento? ¿La protección legal del profesional o de la institución en la que trabaja o que custodia los datos?

De nuevo bastantes respuestas posibles y de nuevo cada una de ellas llevará a resultados diferentes.


4.- Múltiples puntos de contacto

Ésta en mi opinión es una de las grandes barreras reales a las que hay que enfrentarse. El paciente es uno y sus puntos de contacto con instituciones y profesionales son muchos (y a veces interrelacionados o anidados entre ellos). Sin embargo estos sistemas que desde hace años van a transformar la sanidad están creados alrededor del médico, de un servicio determinado o, en el mejor de los casos, de una determinada institución sanitaria, pero no alrededor del paciente. Algo se apunta en este interesante post sobre la importancia de compartir los datos.

La cuestión es que los datos los generan y los interpretan los profesionales y las instituciones en las que estos trabajan, pero son relativos al paciente. Y sin esa interoperabilidad de la que habla el post, estamos abocados a perder la visión completa de la realidad del paciente o a la repetición innecesaria de pruebas que ya se han hecho simplemente porque el profesional que las necesita no sabe que ya se han hecho o no puede acceder a los resultados.

Lo intentó Google con Google Health, pero no pudo ser.

Ni tan siquiera en países en los que existe un sistema nacional de salud universal existe una solución nacional para el problema.

5.- Legislaciones de protección de datos

Otro de los grandes obstáculos.

Cada país es un mundo (o varios) en este tema espinoso. Y en una sociedad que cada día tiene menos barreras para desplazarse para recibir atención sanitaria, la capacidad de almacenar información y de acceder a ella en función de las necesidades del paciente independientemente de las fronteras es un reto mayúsculo.

Los datos de salud se consideran datos de alto nivel de protección. Incluso en países como EE.UU. donde la legislación de protección de datos es mucho más laxa que en Europa, hay una regulación específica para este tipo de datos para darles un nivel de protección especial.

6.- Propiedad intelectual

Sí, hasta aquí llega también esta cuestión delicada, no solo es algo que afecte a la industria audiovisual. Porque al parecer no hay acuerdo sobre a quién pertenece la historia clínica: es sobre el paciente, la construye el médico pero la custodia el centro médico. Como para ponerse de acuerdo.

7.- Procedimientos de medida de actividad

Cuando hablamos de estos temas nos centramos en la historia clínica electrónica pero ¿qué hay de todos esos sistemas nuevos de comunicación que irrumpen en la comunicación médico-paciente? Porque el sistema actual está centrado en el paciente esperando a que se abra una puerta que le da acceso a unos minutos del recurso escaso que es el médico. Pero ahora tanto el médico como el paciente tienen a su disposición medios de comunicación que hace unos años no tenían, y el médico está mucho más expuesto de lo que estaba antes: sus perfiles en redes sociales, datos de contacto en publicaciones...

¿Cómo se integran el correo electrónico, la mensajería instantánea, la videoconferencia... en esta relación médico-paciente? ¿Están preparados los gestores de los centros médicos para medir (y remunerar) esa actividad de los profesionales que trabajan en ellos?


Demasiadas bolas en el aire como para que la solución sea sencilla o como para que se vea una salida a corto plazo. No parece que en esta industria pueda aparecer alguien que la "uberice". Demasiado compleja, demasiadas implicaciones, demasiados jugadores.


Otras entradas relacionadas:
La historia clínica.
Google, big data y salud: la tormenta perfecta.

28 mayo, 2015

Donde dije fútbol digo soccer

Los países en los que el fútbol es el deporte rey deberían avergonzarse de que tengan que venir de un país en el que es un deporte marginal a destapar las vergüenzas de la organización que lo rige internacionalmente.

Avergonzarse en lo social y político y preocuparse en lo deportivo, porque si lo tienen en el radar, por algo será.

Me da a mí que en unos años todos empezamos a llamarle Soccer y que los éxitos de la selección de EE.UU. en el último mundial no se van a quedar en una anécdota.