18 julio, 2014

Comer sin gluten

Era consciente de que comer sin gluten se estaba convirtiendo en una moda, pero hasta que no vi los datos que presenta este vídeo de Mashable, no he visto la magnitud de la cuestión.


Alrededor del 80% de los productos sin gluten que se consumen lo son por personas que no tienen ninguna necesidad de ello.

Yo pensaba que esta moda era positiva para concienciar sobre la celiaquía y para que los celiacos, que necesitan seguir una dieta completamente exenta de gluten, pudieran tener más productos a su disposición y más lugares donde comer con la tranquilidad de que el tema se toma en serio.

Pero he visto que no, que la moda está sirviendo para frivolizar y no para tomarse en serio a quienes lo necesitan.

Un ejemplo en la web de Domino's Pizza, donde se ofrece ua opción sin gluten con la expresa recomendación de que los celiacos no lo coman. Es decir: cartón piedra de cara a la galería de la moda (que pasará, como todas) y una bofetada en la cara para aquellos para los que no es moda sino necesidad.


Al menos sí se toman en serio informar correctamente sobre la contaminación cruzada. Eso sí hay que agradecerlo.

Disclaimer: tengo una hija celiaca, que cuando vio la opción sin gluten de PizzaHut se puso muy contenta y al leer la letra pequeña no entendió muy bien por qué se anuncia un producto sin gluten que en realidad no es tal.

Modas.

01 julio, 2014

El rey está desnudo

Muy interesantes los resultados de esta encuesta de McKinsey&Company sobre el momento crítico que las empresas están viviendo en las cuestiones digitales.

Da para mucho análisis, pero el que yo quiero hacer se centra en lo enormemente transparentes que los nuevos canales digitales hacen los procesos de las compañías.

Lo resume en el primer párrafo:
"many respondents say their companies must address key organizational issues before digital can have a truly transformative impact on their business."
Muchos de los que respondieron, dicen que sus compañías deben solucionar cuestiones de organización críticas antes de que lo digital pueda tener un impacto realmente transformador en sus negocios. (La traducción es mía).
Y es que esa es la indiscutible realidad.

La semana pasada intercambié unos pocos tuits con Carlos Jimeno precisamente sobre este tema.
Disclaimer: prometo que no había visto el estudio de McKinsey cuando escribí este tuit :-)

Desde fuera de las organizaciones resulta sencillo ver qué funciona y qué no funciona. Desde dentro no basta con verlo (que muchos lo ven, como se refleja en la encuesta de McKinsey), hay que solucionarlo, y ahí es donde entramos en aguas turbulentas.

Porque las posibilidades de poner a prueba los procesos de las empresas que nos dan los nuevos medios que tenemos a nuestro alcance, lo primero que hacen es convertir los muros de piedra de las empresas en paredes de cristal a través de la cuales vemos con absoluta claridad qué piezas encajan y qué piezas no.

La moda, los usuarios, los competidores, ..., hemos puesto tanta presión en las empresas para que asumieran ciertos cambios, que una gran parte lo que ha hecho es crear una capa por encima de lo que ya había y tratar de atarla lo más posible para que no se vieran los huecos. Pero los hay, y todos los vemos.

Los vemos cuando recibimos respuestas como:
  • "Lamento no darte otra opción, como te he indicado no lo podemos tramitar aquí"
  • "Nos tienes que mandar un fax" (este me gusta especialmente porque viene de una compañía de telefonía que se supone que está a la última).
  • "Nos tienes que llamar al 902..."
  • Correos electrónicos enviados desde el Departamento de Comunicación Corporativa en respuesta a cuestiones de atención a cliente planteadas desde Twitter.
Aclaración: los cuatro ejemplos los he sacado de conversaciones reales que he mantenido con diferentes servicios de atención al cliente de empresas en España en las últimas cuatro semanas.

Los medios sociales no son la panacea, eso ya lo sabemos, pero están poniendo mucha presión en las empresas porque están sacando a la luz problemas que antes estaban muy bien tapaditos, y sirviendo para abrir los ojos de algunos y que se empiece a abordar esta tan necesaria transformación que supone poner al cliente en primer lugar y ser capaz de darle soluciones cuando y como las necesita.

El rey está desnudo. Todos lo vemos, algunos lo decimos. El rey también lo sabe, pero también sabe que cubrir sus vergüenzas tiene un alto coste económico a corto plazo y altos costes organizativos y culturales que son muy difíciles de abordar.

Por cierto, que nadie le busque tres pies al gato al título de este post. Simplemente he pensado que aludir a conocido cuento de Hans Christian Andersen encajaba perfectamente.

29 mayo, 2014

Barcos que no se quedan en puerto


Hoy es el primer día del resto de mi vida.

Nunca una frase hecha cobró tanto sentido para mí (y para mi familia).

Escribo estas líneas en un vuelo de ida, sin fecha prevista de vuelta. Un vuelo a una nueva vida, un vuelo hacia lo desconocido.

Hace casi ocho años escribía aquí sobre una nueva aventura profesional que me llevaba a Miami, aventura que supuso algo muy importante para mi familia, me permitió crecer profesionalmente haciéndome pasar por situaciones muy complejas, supuso un hito en mi carrera profesional y me dejó grandes amigos en ese continente; aunque por otro lado, tuvo un enorme coste profesional para mi mujer, que lo sacrificó todo por esa aventura, y bastante significativo también para mí una vez terminada esa experiencia.

Hoy vuelvo a escribir sobre aventuras. Ésta posiblemente con más riesgo y más implicaciones. Espero (y deseo) que también sea importante y positiva para mi familia.

Después de dos años estupendos en Ferrovial, en los que he tenido la suerte de trabajar con gente absolutamente maravillosa en lo personal (que es lo realmente importante) y en lo profesional, lo dejamos todo y nos vamos a Houston, Texas. Ciudad floreciente en un estado floreciente de los EE.UU., donde me ha surgido la oportunidad de seguir aprendiendo y creciendo profesionalmente.

Al conocer la noticia, un amigo publicó en un grupo de Whatsapp (la auténtica red de redes) esta frase atribuida, no sé si correctamente o no a Paulo Coelho y que me ha inspirado el título para esta entrada:
"El barco está más seguro cuando está en el puerto; pero no es para eso para lo que se construyeron los barcos".
Creo que ni mi familia ni yo somos barcos para estar en puerto. Nuestra nueva aventura se inicia hoy. Seguro que no encontramos calma chicha, pero espero que no encontremos tampoco grandes tormentas y, si las encontramos, que seamos capaces de capearlas juntos.

Deseadnos suerte.


Nota.- Escrito el 19 de mayo de 2014. Publicado más tarde por coordinación con la comunicación profesional de mi incorporación a mis nuevas funciones.

28 mayo, 2014

Han pasado cuatro años



Cuatro años han pasado de esta conversación en Twitter entre Antonio Domingo y Dioni Nespral, y cuatro también por tanto de que yo diera mi opinión en estos cuatro párrafos.

Cuatro en los que parece que la única diferencia que ha habido es que parece que muchos se han puesto de acuerdo para animarnos a votar, y que han aparecido en la escena política nuevos jugadores que en poco tiempo han sido capaces de captar un número muy significativo de votos, en una parte significativa de los vecinos europeos por un lado del espectro político, y en España por el otro.

Y yo creo que antes o después tenía que pasar. Los "partidos tradicionales" cada vez están más lejos de lo que pasa en la calle y más centrados en sus intrigas internas y su "qué hay de lo mío", así que los nuevos que llegan haciéndose eco de lo que preocupa de verdad a la gente, se acaban llevando el gato a agua. ¿Que lo que proponen es imposible de llevar a cabo porque los números no salen? ¿Que tienen que cambiar de opinión a medio camino porque han hablado sin pensar que iban a llegar donde han llegado? ¿Que hay demagogia y populismo? Muchos hay que piensan que eso también lo hacen "los otros" y nadie se ha rasgado las vestiduras hasta ahora. Cada vez el voto cautivo de la edad de los que vivieron conscientemente "las dos Españas" hasta la Transición pesa menos, cada vez el del más joven que no tiene esos condicionantes pesa más.

Mientras "los de siempre" no entiendan que tienen que enfrentarse a ofrecer soluciones de verdad a lo que quieren los votantes, esto irá a más. Y no, no va de, por ejemplo, un "giro a la izquirda" desde el despacho y el escaño. Va de salir de allí, a ser posible sin coche oficial, andar por la calle, escuchar los problemas reales de la gente, dialogar con ellos, proponer soluciones que les satisfagan y salir a dar la cara de lo que se ha hecho y de sus consecuencias. Hablar con la gente que está sin trabajo, que está perdiendo sus casas, los que ven cómo se arruinan sus negocios por falta de crédito, porque la Administración tarda meses y meses en pagar facturas pero cobra los impuestos por adelantado, por regulaciones absurdas o por competencia desleal, los que no pueden llevar a sus hijos a esos colegios y gurderías públicos que pagan con sus impuestos, los que han tenido que salir fuera de España (y a quienes piden el voto) y ya no tienen acceso a la Sanidad pública... Mientras esto no se haga subirán las alternativas por muy inconsistentes y demagógicas que sean.

05 mayo, 2014

¿A quién le estamos haciendo el caldo gordo?

Fuente imagen public-domain-image-com
Creo que tener una página web (sí, esto incluye blogs) va un poquito más allá del diseño atractivo, el SEO y el contenido interesante.

Creo que conlleva la responsabilidad de saber cómo se está comportando esa página y qué está haciendo en el navegador de quien me está regalando su atención.

La red está inundada de textos con consejos sobre la importancia de usar ciertos componentes que permiten bien integrar contenidos procedentes de otros sitios ("embeber" dicen algunos), bien facilitar que se comparta nuestro contenido en redes sociales ("facilitar que viaje"). Pero ¿analizamos las implicaciones que tiene la instalación de esos componentes? O yendo un paso antes ¿las conocemos?

Son, obviamente preguntas retóricas. En la mayor parte de los casos la respuesta es un rotundo "NO" (como muestra el post enlazado arriba).

Estos códigos de inserción, y esos componentes ("widgets") "oficiales" de las redes sociales, son en la mayor parte de los casos semillas que inundan el navegador de quien visita nuestra página web de archivos de texto ("cookies") aparentemente inofensivos pero que permiten a quienes los ponen (las redes o páginas sociales cuyos componentes utilizamos o cuyos contenidos insertamos) enriquecer sus bases de datos con información que mejora los perfiles que tienen de nosotros aunque no seamos usuarios registrados de esas páginas o redes sociales. Eso cuando no insertan cookies de terceros que ni tan siquiera son los que nos han facilitado el código.

En España (y en Europa) la ley obliga a informar de las cookies que pone una página web, y me parece bien. Pero más allá de las obligaciones legales está la obligación moral que tenemos de saber las consecuencias que tienen las cosas que hacemos, y de saber que cuando usamos en nuestras páginas web este tipo de componentes estamos haciendo el caldo gordo a quienes están ganando dinero a base de personalizar publicidad basándose en información que nosotros involuntariamente les hemos ayudado a recolectar cuando no directamente vendiendo esa información a terceros.

Por eso me llama mucho la atención cuando grandes empresas y grandes medios de comunicación de los serios (los de papel), utilizan alegremente estos componentes regalando información de sus visitantes cuando esas mismas funciones de insertar y compartir pueden ofrecerse de forma que no se inserten esas cookies. Analicemos un poco las cosas que hacemos, pongamos en cuarentena lo que recomiendan los falsos gurús, y no vayamos por ahí regalando innecesariamente unos datos que, además, no son nuestros.


Actualización 18/6/2014
Y ahora viene Facebook y dice que va a usar información de navegación por otros sitios para afinar su publicidad. Como si no lo estuviera haciendo ya.