24 marzo, 2015

Hacia un mundo de datos

Lo publicaba Techcrunch hace unos días: Otra aseguradora de salud ha sido "atacada" y los malos han accedido a datos de sus clientes incluyendo historiales médicos.

No ha sido la primera vez y no será la última, de eso estoy seguro.

Y también estoy seguro de que esto dejará de ser noticia porque pasará a ser parte de los sucesos "normales" a los que nos vamos a enfrentar próximamente.

Porque si vivimos en un mundo el el que un adolescente puede descubrir fallos en la seguridad en Internet Explorer, Chrome y Safari en solo 48 horas, ¿qué no podrá conseguir un grupo de malos con todo el tiempo del mundo?

Llevamos ya tiempo diciendo que los datos son el nuevo petróleo, así que es de esperar que haya quienes quiera extraer ese petróleo y sacarle un beneficio económico, y ese petróleo está en aseguradoras, bancos, compañías telefónicas, ...

No se me ocurre cómo vamos a poder luchar con esto.

Por mucho que se invierta en proteger la información de una compañía, siempre habrá alguien que encontrará la forma de colarse en sus sistemas. Bien encontrando vulnerabilidades en los sistemas de protección, bien aprovechando los descuidos o la falta de formación de los empleados.

Nos hemos educado en una cultura de privacidad y de protección de los datos que no sé si vamos a poder mantener en los años que vienen. Pero por otro lado, nos preocupamos por este tipo de "robos" de datos cuando la mayor parte de estos datos los estamos compartiendo nosotros mismos, conscientemente o no, con nuestra actividad de todos los días: uso de tarjetas de crédito, navegación por internet, localización de teléfonos móviles, publicación en redes sociales, GPS, IPS, aplicaciones móviles que los agregan y los explotan...

Los datos fluyen todos los días. Hay quien hace un uso legítimo de ellos y hay quien no. Hay países que establecen políticas restrictivas y los hay que no. Pero el mundo hacia el que vamos es un mundo en el que se van a explotar grandes volúmenes de información, tanta como sea posible encontrar. Así que yo, por mi parte, voy a dejar de preocuparme por esto y a tratar de centrar mis esfuerzos en cosas en las que pueda ver un resultado real.

21 marzo, 2015

Un día como hoy... 21 de marzo de 2005

Un día como hoy, 21 de marzo, hace 10 años publiqué sobre DNI digital y Ayuda a la compra de ordenadores por las familias.

La verdad, no sé si se ha avanzado mucho en ninguna de las dos cosas. En cuanto al DNI Digital, ahí está, con su chip, pero no veo yo que se haya ido mucho más allá.

En cuanto a las ayuda para la compra de ordenadores, no sé si fue un proyecto que tuviera éxito o se quedó en mero voluntarismo bienintencionado o populismo demagógico.

Lo que sí parece claro es que que la clave hoy ya no está en los ordenadores como los concebíamos entonces, que en este tiempo se ha hablado mucho del ancho de banda y que hoy la clave está más relacionada con la coexistencia de varios dispositivos a la vez (equipo de sobremesa, portátil, tableta, móvil, ...) y su conectividad, campo en el que no podemos decir que en estos años España se haya puesto precisamente a la cabeza.

Recuerdo cuando a finales de 2006 me trasladé a vivir a EE.UU. por primera vez, que lo relacionado con la movilidad estaba muy por detrás de lo que yo estaba acostumbrado en España. Las llamadas de voz se cortaban con frecuencia, y la conexión de datos era un dolor. Hoy, en mi segunda mudanza al mismo país, siento todo lo contrario. Claro, que en esos años lo que estaba de moda era lucir BlackBerry, no existía iPhone (sí, amigos, hubo un tiempo en el que no existía el iPhone), los teléfonos, en su mayoría, se usaban para hablar y el BlackBerry Messenger era un gran desconocido.

Sí que han cambiado las cosas, sí.

Un día como hoy...

Un día como hoy hace diez años, en mi proceso de seguir profundizando en lo que algunos pensábamos que iba a ser la evolución de internet, decidí abrir este blog. El motivo, uno de tantos, ningún acontecimiento significativo ni noticia de especial relevancia.

La verdad es que la fecha tiene un poco de truco, como contaba en la primera entrada real de Anotado, por lo que en realidad el verdadero cumpleaños será dentro de unas semanas, el 16 de mayo.

Como decía en esa primera entrada, Anotado no era el primer blog que abría, y no fue el último, pero sí fue el único que, de los abiertos hasta el momento, mantuvo continuidad (los anteriores "murieron" pasados unos meses por falta de publicación y posiblemente también por vergüenza al ver mis notas tan expuestas), y ha sido al que han venido a desembocar los que, abiertos posteriormente, han sobrevivido.

Anotado nació como un lugar donde primero compartir noticias que me llamaban la atención, después donde glosar y dar mi opinión. En estos años veo que ha habido de todo. Lo que inicialmente nació para ayudarme a ordenar y recopilar información relacionada con mi trabajo, se acabó convirtiendo en una leonera donde hay casi de todo.

Es más que probable que si Twitter hubiera existido entonces, este blog no hubiera nacido como lo hizo, pero cada cosa es consecuencia de sus circunstancias.

La existencia de Anotado ha tenido consecuencias importantes en mi vida. Gracias a él conocí a personas con las que posteriormente he mantenido una estrecha relación personal, a pesar de que en muchos casos transcurrieran años hasta que nos conociéramos "en persona".

Gracias a Anotado, he conocido a dos personas a las que debo mucho personal y profesionalmente: Fernando Polo y Juan Luis Polo. También gracias a estas líneas, he tenido la fortuna de compartir más que bytes con Rafael Gil, Antonio España, Dioni Nespral, Julio Alonso, Raúl Hernández González y muchos otros cuando esto de los blogs era "cosa de frikis"... Es curioso cómo entonces pocos, muy pocos daban la cara, y muchos nos escondíamos tras seudónimos. En mi caso para evitar que se asociara mi "persona digital" con mi "persona corporativa", algo que poco a poco se fue diluyendo.

Han pasado muchas cosas en estos diez años. Algunas de ellas están aquí reseñadas con mayor o menor fortuna. También han pasado muchas herramientas, algunas también aquí enlazadas o responsables de que haya contenidos con enlaces rotos o incluso de que se perdieran años de lo que creo ha sido lo más valioso de lo que se ha escrito aquí: comentarios.

He mantenido Blogger, la herramienta original un poco por romanticismo. He coqueteado con otras, alguna de las cuales (como Posterous) me ha dejado en la estacada. Todo lo que publico, desde hace tiempo, lo mando automáticamente Tumblr gracias a esa maravilla que es IFTTT donde se junta con cosas que publico en otros canales, y desde hace poco estoy también jugando con Medium donde no sé si seguiré o no, quién sabe. No sé si seguiré aquí o no, posiblemente dependerá de lo que Google decida hacer con esta adquisición que lleva un tiempo un poco abandonada.

Es posible que vaya repasando lo publicado para volver a glosar lo ya glosado y ver cómo la noticia y mi visión han madurado con el tiempo. O no, quién sabe.

Tanto si llegas aquí de nuevas, como si llevas tiempo viniendo por aquí, bienvenido. Deja tus comentarios. Aquí o donde quieras, porque esto va de eso.

05 marzo, 2015

Efectos colaterales de los coches sin conductor: los seguros

Estaba por llegar.

Leo en Marketwatch que ya hay aseguradoras que consideran que los coches sin conductor pueden dañar su negocio.

Y tiene todo el sentido.

Aunque no es el seguro de autos el que yo conozco en el detalle profesional con el que sí conozco otros seguros, autos y salud, en cuanto contratos de seguro, tienen una cosa en común: cubren un riesgo. Y tanto su razón de ser como su precio dependen de la existencia de ese riesgo, de la probabilidad de que se materialice y de la cuantía de los siniestros a los que debe hacer frente la aseguradora en caso de que efectivamente se materialice el riesgo.

Cincinati Financial Corp. dice expresamente en su memoria anual (pdf, página 111):
“Disruption of the insurance market caused by technology innovations such as driverless cars that could decrease consumer demand for insurance products.”
No sé si los coches sin conductor eliminan el riesgo de accidentes, pero en la medida en que eliminan el error, la impericia o la imprudencia humanos, claramente lo disminuyen. Y esto, inevitablemente, supone menores cifras de negocio para las aseguradoras de autos.

Ahora llega el momento de ver de entre las aseguradoras de auto, quién abraza el cambio y quién tiene miedo. Por el momento, la salud es el único sector que conozco en el que en gran parte de los casos, mayor innovación lleva indefectiblemente a mayor coste del resultado final, pero seguro que antes o después tendremos alguna sorpresa.

Van a ser unos tiempos divertidos.

02 marzo, 2015

Valor, precio y seguros

La semana pasada me encontré en Linkedin la imagen que ilustra esta entrada, y desde entonces le estoy dando vueltas en relación a mi día a día profesional de los Seguros Internacionales de Salud y, creo que por extensión, a cualquier producto cuyos atributos no se puedan percibir a simple vista, como es normalmente el caso de los servicios y, desde luego, el de los seguros.

Para realizar esta reflexión dejo deliberadamente de lado el componente necesariamente subjetivo de lo que es "valor" en cuanto "grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite" (RAE). Es claro que, para que algo satisfaga mis necesidades debo tener esas necesidades, lo que hace que algo que me aporta valor a mí lo pueda hacer en menor medida a otra persona o no hacerlo en absoluto.

Pero una vez entendido que no hay dos personas iguales ¿cómo juega este concepto de "valor" cuando el producto del que hablamos no es un producto tangible y está relacionado con acontecimientos que no se sabe si se van a producir?

Dice la imagen que "el precio solo es un problema en caso de ausencia de valor" y yo creo que le falta relativizar el argumento añadiendo la palabra "percibido".

He tratado de encontrar la fuente de la imagen y el contexto de la reflexión. La imagen, no sé si la original, la he podido encontrar en este tuit publicado más o menos en la misma fecha en que yo la vi en Linkedin:


Referencias a esta afirmación he encontrado a cientos en Google. No he revisado esos cientos, pero en los que sí he revisado, no he visto referencia alguna a la cuestión de la percepción frente a la objetividad.

Y creo que marca claramente diferencia.

En mi opinión es la percepción de valor, y no su existencia objetiva, lo que hace que el precio pase o no a ser un elemento central en el proceso de la toma de la decisión de compra.

Sobre todo en productos que se basan en una promesa sobre algo que no se sabe si ocurrirá (y que además se desea que no ocurra) como es el caso de los seguros, más en particular en los de salud, que son los que conozco bien por experiencia profesional.

Es algo que veo constantemente en mi día a día con clientes: hay productos que son clara y objetivamente superiores en las coberturas que ofrecen (tienen por tanto más valor), pero hay clientes (muchos) que acaban decidiendo por precio. Y lo hacen porque resulta muy difícil percibir ese valor diferencial de algo que, a pesar de existir con claridad, puede que no se utilice nunca.

Cubre objetivamente más un producto que paga el 100% de los medicamentos que uno que lo limita a US$ 400. Ofrece objetivamente mayor cobertura un producto con un deducible de US$ 1.000 que uno con un deducible de US$ 10.000. Otorga más libertad al cliente un plan que permite acudir a cualquier médico u hospital del mundo que uno que limita el acceso a aquéllos que están en una red concertada por la aseguradora. Y todo esto impacta en el precio.

Luego llega el momento en el que se materializa el riesgo y ese mismo cliente se lamenta de que el plan elegido no le da toda la cobertura que habría deseado, o no le permite ir al hospital que le han recomendado, y es cuando se olvida de que su decisión en precio iba directamente relacionada con la pérdida de atributos que ahora sí valora.

Es compleja la gestión de expectativas y la venta en este tipo de productos cuando en la cabeza de quien compra coinciden el deseo de protegerse ante un riesgo y el deseo (casi la convicción) de que ese riesgo no se materialice.

Y así pasamos los días.

PS.- Aprovecho esta entrada aquí para estrenarme publicando también en Linkedin. Quiero valorar si esa plataforma puede dar más o menos visibilidad a lo que voy publicando.