Reflexiones al acabar 2018

Publicado por Alberto Gómez Aparicio en fin de año, Personal

 

Sí, llegan esos días otra vez. Esos días en los que terminar una vuelta planetaria al sol nos lleva a mirar hacia atrás, ver el camino recorrido y pensar en el camino que se tiene por delante en la nueva circunvolución y, a veces, ponernos objetivos de cómo lo vamos a afrontar.

Este año voy a innovar poco, y voy a replicar el formato que usé el año pasado para hace este mismo repaso:

Balance profesional

Balance personal

Entorno social

Conclusión

No obstante, y como resumen general, si el año pasado concluía que había sido un año de cambios y deseaba que este también lo fuera, la verdad es que no me puedo quejar.

Balance profesional

No sé si hay palabra que describa este año mejor que la palabra “vértigo”.

Vértigo por lo retos que, colectivamente, hemos tenido que afrontar en el equipo en el que trabajo.

Vértigo por las oportunidades que se han ido abriendo y las implicaciones de enfrentarnos a ellas.

Vértigo de ver que este año, según las estadísticas que me da APPINTHEAIR, he pasado 319 horas metido en aviones y volado 301.388 kilómetros. Eso son más de trece días volando y siete veces y media la vuelta a la tierra. Y eso sin contar desplazamientos por otra medios de transporte. Conozco gente que me supera con creces, pero también soy consciente de que son cifras altas.

Este año, contra todo pronóstico y dentro del equipo en el que trabajo, ha surgido la oportunidad de emprender la tercera aventura americana, esta vez en Boston, aunque creo que donde realmente tiene sentido comentar esto es cuando haga mi Balance personal unas líneas más abajo.

He trabajado con gente excepcional y conocido a personas de muy diversos perfiles tanto profesionales como culturales. He tenido acceso a retos profesionales a los que nunca antes había accedido. Muy muy enriquecedor.

Y todo apunta a que todos estos retos se van a acentuar durante 2019. Estoy deseando ponerme manos a la obra.

Balance personal

Ya lo he mencionado más arriba: el gran acontecimiento personal del año ha sido nuestro tercer traslado a EE UU. No ha sido algo buscado activamente pero, surgida la oportunidad, lo hemos valorado y hemos decidido dar el paso.

No ha sido una decisión fácil, a medida que pasan los años, las implicaciones en los miembros más jóvenes de la familia son más importantes, y el impacto en la carrera profesional de mi mujer cada vez más relevante.

Pero la decisión se ha tomado, los retos asumidos, y aquí estamos todos aprendiendo a vivir esta nueva vida. No podemos decir que el proceso no esté teniendo sus desafíos, pero poco a poco las cosas se van asentando.

Echo de menos a mucha gente. Y aunque estoy conociendo a personas muy interesante, se echa en falta estar cerca de gente que antes tenía cerca. Y aunque es fácil estar en contacto con quien se quiere estar en contacto, no hay nada como poder sentarse a una mesa y poder hablar cara a cara.

En lo más estrictamente individual, he cumplido 50 años. Una edad que suena a punto de inflexión. Una edad a la que algunos amigos ya están pensando en la jubilación, mientras que yo sigo motivado por crecer profesionalmente y seguir dando pasos hacia adelante. Una edad a la que muchos se encuentran con graves problemas para encontrar trabajo por el mero hecho de tener una edad determinada y en la que yo me reconozco un afortunado por no haber tenido que que enfrentarme a esa situación.

En lo que respecta a este blog, si no estuviera publicando los resúmenes de enlaces, habría sido un año de sequía extrema. Quiero convencerme de que en 2019 lo compensaré.

Entorno social

No sé ni cómo enfocar este repaso.

La situación política en los dos países que me tocan más directamente es, cuando menos, sorprendente.

La polarización que se produce en cualquier debate entre “los míos” y “los que están contra mí” y que destaca en todo su esplendor en Twitter, deja en evidencia la sociedad manqueísta y reduccionista que hemos construido y no deja lugar a dudar de la evidencia de que no hemos superado el comportamiento tribal que considera enemigo al que no es “de los míos”, a todo aquel que no piensa lo mismo que yo, a todo aquel que no es como yo. Y esto, que es profundamente triste, no deja de tener su parte divertida, porque, a alguien con un poco de criterio, le pueden tachar de una cosa y de lo contrario varias veces a lo largo del mismo día.

Las sospechas de uso de datos por parte de Facebook de forma inadecuada se van confirmando. Empezó con es escándalo de Cambridge Analytica y ha seguido con lo destapado recientemente por el NYT. La corriente que empuja a abandonar su uso empieza a ser importante, aunque la mayor parte de los que lo propugnan  reconocen que es muy complicado salir de su sombra si uno quiere seguir conectado socialmente con las herramientas que se usan de forma mayoritaria: Instagram y Whatsapp. Yo por mi parte siempre he usado Facebook de forma muy esporádica y creo que lo voy a usar aun menos de ahora en adelante. De hecho he empezado por dejar de publicar automáticamente los enlaces que comparto en la página de este blog y supongo que en breve daré de baja esa página. Sin embargo de Instagram y Whatsapp sí he sido y soy usuario intensivo. Todo lo que puedo lo traslado a Telegram, pero es casi predicar en el desierto.

Parece que por lo menos, poco a poco, vamos siendo conscientes de todo lo que se mueve detrás de la pantalla cuando estamos en Internet. Esto puede ser el primer paso para que, como sociedad, hagamos algo para enfrentarnos a ello.

Este año hemos aprendido que no podemos fiarnos ni siquiera de lo que ven nuestros ojos. La manipulación interesada de las noticias nos debe llevar otra vez a buscar fuentes fiables de información como hacíamos antes de la llegada de Internet. La oportunidad para la “prensa tradicional” es evidente. Quien sepa convertirse en un referente de noticias veraces y sin sesgos podrá encontrar la vía para salir de la situación a la que los nuevos canales ha llevado a los medios. Yo, por primera vez, estoy valorando suscribirme a algún medio, cosa que no había considerado antes.

En Twitter, la red/herramienta/canal que uso desde hace once años cada día tengo una actitud más pasiva. Leo mucho, no comento casi nada. Lo veo casi todo tan polarizado que no quiero ser parte del juego.

Conclusión

Yo pensaba que 2018 iba a ser un año de transición, pero no lo ha sido en absoluto.

2019 promete mucho en lo profesional, espero que sea un año tranquilo en lo personal, y, sinceramente, tal y como evolucionan las cosas, tiene pinta de que en lo social las cosas no van a ir a mejor, ni en lo político ni en la forma de comunicarnos ni en el uso que los grandes de internet hacen de nuestros datos.

Acabo casi de la misma forma que el año pasado:

espero que 2019 sea un año de cambio porque en el cambio está la diversión, el cambio es lo único permanente.

Feliz año. Si puedo hacer algo para ayudarte a que lo sea, cuenta conmigo.