Barcos que no se quedan en puerto (II)

Publicado por en Cambio, carrera, Personal

Hace algo más de cuatro años escribía aquí sobre el inicio de nuestra segunda aventura americana (Houston), de la misma forma que hace más de doce escribí sobr la primera (Miami).

Como dicen que no hay dos sin tres, hoy toca escribir de la tercera.

Escribo estas palabras desde el aeropuerto de Madrid, desde donde en poco más de una hora saldré hacia lo que va a ser nuestro nuevo hogar: Boston. Posiblemente la ciudad con mayor concentración de universidades del mundo. Posiblemente la ciudad con el invierno más frío de todas en las que he vivido.

Cuando escribí sobre nuestra vuelta de Houston a Madrid, dije que

la vida es esto, el camino que andamos, el ser capaz de aprovechar cada oportunidad y cada momento

Y esto es lo que estamos haciendo: andar el camino y aprovechar cada oportunidad y cada momento.

Las personas a las que les hemos ido contando esta nueva etapa se dividen entre los que creen que estamos locos y los que dicen que les damos envidia. Yo creo que no debe ser ni lo uno ni lo otro: no estamos locos (creo), simplemente es la vida que queremos vivir. Sabemos que no está exenta de riesgos, pero nos compensa afrontar esos riesgos y las consecuencias de que se materialicen, frente a la anternativa de quedarnos en Madrid con una vida más estable. Pero tampoco es para tener envidia, porque cada uno decide la vida que quiere vivir poniendo en un platillo de la balanza lo que ganaría asumiendo estos riesgos y lo que ganaría no asumiéndolos. Y cada uno da un valor distinto a cada cosa, lo que hace que la balanza vaya hacia un lado o hacia el otro de forma distinta para cada uno.

Adiós Madrid, hola Boston. La ilusión del cambio no mitiga el vértigo. A ver qué nos trae esta nueva etapa del viaje.

Deseadnos suerte.

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