¿A quién le estamos haciendo el caldo gordo?

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Creo que tener una página web (sí, esto incluye blogs) va un poquito más allá del diseño atractivo, el SEO y el contenido interesante.

Creo que conlleva la responsabilidad de saber cómo se está comportando esa página y qué está haciendo en el navegador de quien me está regalando su atención.

La red está inundada de textos con consejos sobre la importancia de usar ciertos componentes que permiten bien integrar contenidos procedentes de otros sitios (“embeber” dicen algunos), bien facilitar que se comparta nuestro contenido en redes sociales (“facilitar que viaje”). Pero ¿analizamos las implicaciones que tiene la instalación de esos componentes? O yendo un paso antes ¿las conocemos?

Son, obviamente preguntas retóricas. En la mayor parte de los casos la respuesta es un rotundo “NO” (como muestra el post enlazado arriba).

Estos códigos de inserción, y esos componentes (“widgets“) “oficiales” de las redes sociales, son en la mayor parte de los casos semillas que inundan el navegador de quien visita nuestra página web de archivos de texto (“cookies“) aparentemente inofensivos pero que permiten a quienes los ponen (las redes o páginas sociales cuyos componentes utilizamos o cuyos contenidos insertamos) enriquecer sus bases de datos con información que mejora los perfiles que tienen de nosotros aunque no seamos usuarios registrados de esas páginas o redes sociales. Eso cuando no insertan cookies de terceros que ni tan siquiera son los que nos han facilitado el código.

En España (y en Europa) la ley obliga a informar de las cookies que pone una página web, y me parece bien. Pero más allá de las obligaciones legales está la obligación moral que tenemos de saber las consecuencias que tienen las cosas que hacemos, y de saber que cuando usamos en nuestras páginas web este tipo de componentes estamos haciendo el caldo gordo a quienes están ganando dinero a base de personalizar publicidad basándose en información que nosotros involuntariamente les hemos ayudado a recolectar cuando no directamente vendiendo esa información a terceros.

Por eso me llama mucho la atención cuando grandes empresas y grandes medios de comunicación de los serios (los de papel), utilizan alegremente estos componentes regalando información de sus visitantes cuando esas mismas funciones de insertar y compartir pueden ofrecerse de forma que no se inserten esas cookies. Analicemos un poco las cosas que hacemos, pongamos en cuarentena lo que recomiendan los falsos gurús, y no vayamos por ahí regalando innecesariamente unos datos que, además, no son nuestros.

Actualización 18/6/2014
Y ahora viene Facebook y dice que va a usar información de navegación por otros sitios para afinar su publicidad. Como si no lo estuviera haciendo ya.