Reflexiones al acabar 2020

Acaba 2020 y no sé ni por dónde empezar.

Y sí, soy consciente de que me salté las reflexiones al acabar 2019. No sé, no encontré el momento o las palabras. Agua pasada, en cualquier caso.

En los últimos años no he podido hablar de mi vida profesional sin hablar de viajes y aeropuertos. Estos son algunos datos:


VuelosKMHoras
201728123.623168
201852312.850406
201966222.206325
20201756.26580
Datos gracias a AppintheAir

Si bien en 2019 se ve claramente que dejé de hacer vuelos largos (a principios de año dejé de volar a Japón una vez al mes para centrarme en vuelos dentro de los EE. UU.), en 2020 queda patente el impacto de las restricciones a la movilidad motivadas por COVID19.

¿He podido tener virtualmente todas esas reuniones que no he tenido cara a cara? Pues yo creo que más, al al eliminar de la ecuación la variable de poder estar en un mismo sitio todos los asistentes. ¿Se ha avanzado lo mismo en estas reuniones virtuales de lo que se habría avanzado en las presenciales? Eso no lo sé yo ni lo sabe nadie. La cuestión es que es una dinámica que muy posiblemente haya llegado para quedarse.

En cualquier caso no es el objeto de esta reflexión el analizar cómo va a cambiar la forma de trabajar en los meses y años que vienen, sino dar un repaso a mis conclusiones del año.

Ahí van, desorganizadas, y sin la clasificación de años anteriores, y posiblemente lleno de tópicos y dejándome mucho en el tintero (¿no deberíamos actualizar esta expresión y decir «en el teclado» en lugar de «en el tintero?):

  • He sido un afortunado porque mi familia no se ha visto afectada por la pandemia, más allá de las restricciones a la movilidad. Esto es algo de lo que estoy enormemente agradecido; sí hemos tenido cuidado, sí hemos sido prudentes desde que se supo que había que serlo, pero hay muchas otras personas que también lo ha sido y han sufrido consecuencias brutales. Algunos muy cerca.
  • He sido afortunado también porque mi trabajo tampoco se ha visto afectado en lo esencial, de nuevo, más allá de las restricciones que me han hecho estar mucho más tiempo en casa. Pero esto no me hace no ser consciente de brutal impacto que han sufrido muchas personas por la práctica desaparición de la actividad en sus sectores. También tengo algunos casos cerca.
  • Este año debería haber sido una cura de humildad para ver lo frágil que es el ecosistema en el que hemos montado nuestra vida: algo invisible se ha extendido por todo el planeta a velocidad asombrosa y ha afectado la salud, la economía, la forma de vida… de una parte muy significativa de la humanidad.
  • Y también este año debería suponer un serio aviso sobre las consecuencias de no hacer caso a los científicos y expertos tanto en la preparación ante cosas como estas como en cómo se deben gestionar una vez que aparecen.
  • No puedo dejar de pensar en la intensa prueba de fuego que las semanas de confinamiento han supuesto para la convivencia. Una cosa es vivir con alguien, otra diferente es pasar las 24 horas del día durante semanas y semanas sin ver más caras que las de las personas con las que convives ni salir de las cuatro paredes de la vivienda.
  • La educación es evidentemente una de las dimensiones que más se ha visto afectada. No es lo mismo tratar de sacar adelante el trabajo de oficina mandando a la gente a su casa con un portátil, que gestionar las dinámicas de una aula por maestros que no están preparados para ello, sin los medios ni los procesos adecuados y con alumnos que en muchos casos no tienen los medios ni la edad para seguirlo de forma autónoma. En mi caso el impacto ha sido mínimo: mis hijas son mayores y muy responsables, pero con niños pequeños ha tenido que ser una locura. Mi respeto por esos docentes que han tenido que adaptarse sobre la marcha e inventarse las nuevas metodologías. Y mi respeto también por quienes han tenido que compatibilizar el teletrabajo con apoyar a sus hijos.
  • Y habiendo sido enorme el impacto en la educación, donde lo ha sido mayúsculo ha sido en el cuidado de la salud. Infraestructuras insuficientes (y no lo digo como crítica sino como descripción, no se puede diseñar un sistema con los recursos necesarios para una situación tan excepcional) y, sobre todo, profesionales que han dejado pequeña la expresión to go the extra mile. Si en el apartado anterior manifestaba mi respeto por los maestros, en este manifiesto mi gratitud eterna a todas estas personas que lo han dado todo.
  • Pero la educación y la sanidad no lo son todo. El mundo se ha seguido moviendo gracias a muchísimas otras profesiones que han estado trabajando en la sombra y asumiendo riesgos personales para que los demás pudiéramos estar en casa, mención especial a los profesionales de la logística en todas sus derivadas, los que han mantenido los productos en los comercios, y los que han repartido todo lo que hemos comprado por internet.
  • Este último tema merece apartado propio: el funcionamiento de la tecnología que damos por hecho sin pensar en quien está ahí, en la sombra, garantizando su funcionamiento, y que esto no pasa por arte de magia sino porque hay gente que lo diseña, lo instala y lo mantiene.
  • Una de las cosas que más me han molestado de este 2020 ha sido la popularización del concepto del «Zasca«. Parece que tanto en la sociedad como en la política, lo único que se busca es dar un «zasca» al interlocutor. Muy lejos de lo que serían buenas prácticas de convivencia y de entendimiento. Me genera un enorme rechazo y al mismo tiempo una inmensa tristeza.
  • Y ya que hablo de convivencia, apartado especial para la política y los políticos en los dos países que tengo como referencia: España y EE. UU. Populismo, sectarismo, agendas personales y partidistas frente a las necesidades del país y sus ciudadanos, decir una cosa y hacer otra, gobernantes que dicen abiertamente en público que solo gobiernan para quienes les han votado olvidando que, una vez elegido y nombrado, su responsabilidad es para con todos… Han hecho lo posible para enfrentarnos en estos momentos en los que eso es lo último que necesitábamos de ellos. Descorazonador.
  • Y aunque relacionado con los dos puntos anteriores, no quiero dejar de mencionar un fenómeno que me preocupa: la polarización que antes se limitaba casi en exclusiva al fútbol, ahora ha llegado a todos los rincones de la vida. Entendiendo polarización no como extremismo, que es como creo que mucha gente lo entiende, sino como la creación de burbujas aisladas sin conexión alguna con las personas que están fuera de ellas. O estás conmigo o estás contra mí. No hay debate, no hay intercambio de opiniones para dar forma y matizar las propias. Estamos levantando muros que crean cámaras de resonancia. No escuchamos, solo nos miramos el ombligo. Y a quien trata de escuchar y reflexionar, le llamamos equidistante y queda fuera de cualquier burbuja.
  • En estos meses hemos visto mucha responsabilidad y altruismo, pero también grandes muestras de egoísmo, de personas que siempre tienen que hacer su santa voluntad independientemente del impacto que esto tenga para terceros, y que luego no son capaces de asumir las consecuencias, la cultura del todo vale si yo lo quiero y todo se puede arreglar. Será que me hago viejo (bueno, esto es un hecho) pero me da la sensación de que estas personas cada vez suponen una parte más significativa.
  • En cuestiones de tecnología, hemos empezado a darnos cuenta de que lo que llamamos Inteligencia Artificial forma ya parte de nuestras vidas. Lo que creo que es aun una asignatura pendiente es realmente entender qué es esto de la Inteligencia Artificial y a quién debemos mirar cuando las cosas que salen de ella no nos gustan.
  • Y en lo que respecta a este blog, 14 entradas (esta no cuenta, que ya la publico en 2021. Poca cosa. Mucho borrador que no he publicado por morderme los dedos o por no encontrar la forma de articular realmente lo que tengo en la cabeza. Parece que es cierto eso de que si no se ejercita un músculo, se atrofia.

Ha sido un año raro. Evidentemente. ¿Cómo habría sido si no hubiera existido la COVID19? Pues no lo sé, aunque no creo que mis comentarios en los puntos anteriores no relacionados con la pandemia hubieran sido muy diferentes.

Veamos qué nos depara el nuevo año.

Quiero acabar casi de la misma forma que los años anteriores:

Espero que 2021 sea un año de cambio porque en el cambio está la diversión, el cambio es lo único permanente. Cambio para dejar atrás la crisis sanitaria de 2020 y la profunda crisis económica que ha provocado. Cambio también para exigir de nuestros políticos que legislen y gobiernen no solo para todos (y no solo para sus votantes) sino también con los ojos puestos en el futuro y no en el pasado. Cambio para dejar de confundir el sentido crítico con la equidistancia.

Feliz año. Si puedo hacer algo para ayudarte a que lo sea, cuenta conmigo.

2 comentarios en «Reflexiones al acabar 2020»

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