Censura y libertad de expresión

Al hilo de la decisión de Twitter, Facebook, y otras redes sociales de cerrar las cuentas de Donald Trump.

Qué difícil me está resultando crearme una opinión sobre este tema, así que me pongo a escribir estas líneas a ver si me ayuda o me lía aun más. Comentarios, no solo bienvenidos, como siempre, sino especialmente agradecidos por lo que me va a ayudar en el proceso.

Se me juntan muchas cosas en la cabeza que me está costando ordenar y articular en un discurso consistente.

A esto se suma que, pese a mi formación jurídica, estos son temas en los que nunca he profundizado desde un punto de vista estrictamente técnico, lo cual posiblemente explique esta especie de callejón sin salida en el que estoy.

El debate en cualquier caso está ahí, y echamos sobre la mesa cartas que no tengo claro que pertenezcan al mismo juego.

He estado leyendo las opiniones de varias personas cuyo criterio respeto porque suele venir precedido de reflexión y acompañado de explicaciones (aunque eso no quiere decir que siempre lo comparta): Antonio Ortiz, Amalio Rey, Román Ramírez, Fernando Polo, Gonzalo Martín, Borja Adsuara, … (los enlaces, sobre todo los de Twitter, son a modo de ejemplo, no porque entienda que ese mensaje defina la postura de su autor e su totalidad).

Mezclamos conceptos abstractos con figuras jurídicas, palabras con un significado determinado con otro significado dentro de un contexto específico que lo matiza, realidades legales y sociales de un país con las de otro, …, y así hasta ciento.

Censura

Empezando por lo primero ¿realmente estamos hablando de censura?

En España (que es de donde estoy siguiendo el debate sobre este tema) hablamos de libertad de expresión y de censura refiriéndonos a la Constitución Española, que garantiza la primera:

Se reconoce y protege el derecho a […] expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción

Prohibiendo expresamente la segunda cuando se ejerce a priori:

El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

Siempre he pensado y defendido que las normas deben interpretarse en función de su propósito y su contexto. Lo que viene en llamarse la ratio legis y que en muchos casos viene descrito en su exposición de motivos (insisto en que me estoy centrando en España, desconozco otros ordenamientos jurídicos). Esto nos permite entender lo que el legislador quería regular con esa redacción, nos pone en situación para no forzar la literalidad cuando nos conviene y nos permite aplicar la norma a nuevas realidades no existentes entonces.

Mi opinión es que cuando el legislador español de 1978 hablaba de censura hablaba de la ejercida por algún organismo controlado por el Poder Ejecutivo sin ningún tipo de control adicional. Y esto era así porque ese tipo de censura era algo que era parte de la realidad política y social en España en los años anteriores a la aprobación de la Constitución.

La censura en la que pensaron los padres de la Constitución Española la ejerce el poder del estado, no una empresa privada que busca que no se use su plataforma para un fin determinado. La actuación que nos ocupa hoy no impide que la persona use otros medios para manifestarse. ¿Que esto supone usar canales que (en palabras de Antonio) requiere mayor «fricción»? Cierto, pero esa fricción no limita mi capacidad de expresarme ni, en los tiempos que corren, impiden que el mensaje llegue a quien sea.

No creo que sea, por tanto, censura en ese sentido de lo que estamos hablando ahora.

De lo que hablamos ahora es de una decisión tomada por una empresa privada sobre el uso de su plataforma de publicación. ¿Que esto se puede llamar censura? Sin duda, igual que muchas decisiones editoriales de un medio de comunicación, pero no haciendo referencia a lo prohibido por la Constitución Española.

¿Y la prensa?

¿Es esta decisión tomada por las plataformas sociales equiparable a las decisiones editoriales que toman los periódicos todos los días de qué publicar y qué no?

Tampoco lo tengo completamente claro, aunque cada vez tiendo más a pensar que sí.

Precisamente en la diferencia entre la prensa y las plataformas sociales es donde está el origen de la diferenciación que hacen en EE. UU. considerando a las plataformas sociales exentas de la responsabilidad del editor. La tan mencionada sección 230 de la Communications Decency Act, al no considerar editores a las plataforma sociales, trató de evitar que se penalizara (como se estaba haciendo) a quien trataba de mantener un contenido «adecuado» mediante edición (antecedente de Prodigy) frente a quien no se inmiscuía permitiendo la publicación de cualquier cosa (antecedente de Compuserve) posiblemente en aplicación de la doctrina del Buen Samaritano de la que tanto habla Borja Adsuara.

Si consideramos esto como la ratio legis de esa sección 230 (que no olvidemos es de 1996): el intentar que quien actúa de buena fe no se vea en una situación peor que quien no actúa, ¿debemos considerar que estaba en el ánimo del legislador que esas plataformas personalizaran el contenido que vemos usando algoritmos y que se convirtieran en monstruosos negocios basados en el uso de los datos que recopilan y la gestión de los contenidos y la publicidad en función de lo que creen que va a interesar más al usuario? Yo creo que no. ¿Es el uso de esos algoritmos algo similar a lo que es la edición del contenido en la medida en que da a cada usuario lo que cree que le va a interesar? Yo creo que sí. ¿Serían hoy Facebook y Twitter lo que son si la sección 230 no existiera y se les hubiera hecho desde un principio responsables de cualquier tipo de edición de contenidos incluyendo la personalización en función del interés estimado del usuario? Yo creo que no.

Pero.

Sí, pero.

Este análisis funciona en EE. UU. que es donde se ha producido el caso que nos ocupa. Pero ¿debería hacerse la misma reflexión en España? ¿Da la legislación española o la europea esa misma impunidad a las plataformas sociales? No lo sé, sinceramente no lo sé.

Libertad de expresión

Dejo para el final el tema central.

¿Realmente que me impidan publicar en Twitter, Facebook, … es un atentado contra mi libertad de expresión?

Otro tema que tampoco tengo nada claro.

Y no lo tengo claro por el alcance global de estas plataformas y su enorme peso específico como canales de comunicación. Hemos creado (en la medida en que hemos usado masivamente) unos monstruos de tal alcance, que hay quien ya los considera un servicio público y quitar la voz ahí supone limitar significativamente la capacidad de que lleguen los mensajes (volvemos al concepto de «fricción» de Antonio).

Y así como en los puntos anteriores sí estoy muy cerca de tener una opinión:

  • No, no es censura.
  • Sí, sí se debería tratar a estas plataformas como editores.

En este punto no llego a decantarme por completo. Porque, por un lado, hay multitud de otros canales, pero por otro lado, leche, es que estos dos son muy grandes y han devenido en ser muy estándar.

Por un lado, no me gusta que se quite la voz a nadie diga lo que diga, pero por otro tampoco me parece que deba ser una cuestión de debate público lo que hacen unas empresas privadas con sus servicios. Empresas privadas que, no olvidemos, están en mitad de un gran debate social sobre lo que deberían estar haciendo para limitar la difusión de bulos (fake news para entendernos). ¿No les estamos pidiendo que hagan una cosa y la contraria?

Conclusión

La conclusión es que no hay conclusión. Sigo dándole vueltas.

¿Han hecho bien cerrando las cuentas de Donald Trump? ¿Deberían haber solicitado y esperado a una resolución judicial? Pues no lo sé, pero no creo que esta sea la pregunta difícil de responder.

La pregunta difícil de responder es esta:

¿Habría hecho yo lo mismo de haber tenido que tomar la decisión?

Pues seguramente sí, siendo consciente de que podría haber tenido consecuencias legales para mí. Porque lo que estaba en juego no era la opinión o la libertad de expresión de nadie, sino el impacto real, cierto e inmediato que el uso de las plataformas estaba teniendo en la calle. Que no estamos teniendo una discusión teórica, estamos hablando de miles de personas tomando al asalto el Capitolio de los EE. UU. al grito de hang Mike Pence (colguemos a Mike Pence – Vicepresidente de los EE. UU.) después de que Trump le llamara cobarde y del riesgo de que se siguiera echando gasolina en ese fuego y todo acabara teniendo consecuencias catastróficas.

No vaya a ser que un buen debate teórico nos distraiga de la realidad.

Y lo cierto es que este rato que he echado escribiendo sobre esto, finalmente, y pendiente de comentarios que seguro me ayudan aun más, me ha servido para ir moldeando una opinión.

Opinión que, como todas, está abierta a matizaciones e incluso a cambios de 180 grados.

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3 comentarios en «Censura y libertad de expresión»

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  2. Me gusta tu conclusión… Una cosa es debatir la teoría, y otra cosa es preguntarse (gran ejercicio para moderar y despolarizar) ¿qué habría hecho yo en su lugar?
    En mi caso, no tengo dudas como tú en lo de si se le debería cerrar la cuenta al “cenutrio”. Creo que sí. Pero ojo, eso no significa que sea lo mismo para todos. Podría derivarse una regla sencilla: ¿Tienes más de x followers? Pues a la de tres avisos te cerramos la cuenta. Y ya sé que el número de followers no es directamente medida de influencia, pero en este caso, creo que la aproximación podría ser válida.

    1. Alberto Gómez Aparicio

      Yo me preguntaría si está suponiendo acción real en la calle, tenga el número de seguidores que tenga. Por aclarar: si está opinando o está incitando y esa incitación está funcionando. Eso es lo que en mi opinión debería ser el indicador.
      Porque es lo que me marca la diferencia entre limitar la libertad de expresión o impedir que se use mi plataforma para ejercer actos violentos.

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