El presente ya fue ayer

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Hace solo 11 años (en 2005), cuando falleció el Papa Juan Pablo II, las personas que se acercaron al Vaticano dirigían su mirada hacia el lugar en el que se encontraba el motivo que los había llevado hasta allí. Algunos, muy pocos según vemos en la imagen, utilizaban sus teléfonos móviles para inmortalizar el momento sacando alguna fotografía.

Fallecimiento Juan Pablo II

Fotografía de Luca Bruno AP

Ocho años después, quienes se acercaron al mismo sitio con motivo del nombramiento del Papa Francisco, se situaron en la misma posición (mirando hacia la acción), pero en lugar de presenciar el evento directamente lo hicieron a través de la pantalla del dispositivo que estaban utilizando para grabar el acontecimiento.

La fotografía mostrando un mar de pantallas iluminadas es muy descriptiva y se hizo muy popular porque supuso la representación gráfica de cómo los usos y los comportamientos pueden cambiar con rapidez. En “solo” ocho años no solo se habían popularizado los dispositivos móviles (y cambiado radicalmente el concepto de lo que era un “móvil”) sino que también lo había hecho la costumbre de inmortalizar los momentos: el vídeo, empezaba a discutirle el reinado a la fotografía. El móvil le discutía ya claramente el reinado a la cámara de fotos.

Presentación Papa Francisco

Fotografía de Michael Sohn / AP

Y solo tres años después de esa icónica fotografía, nos encontramos con esta otra que reproduzco a continuación en la que el espectador deja de ser tal para ser actor. En la que ya no se mira directamente al lugar en el que se produce la acción porque lo importante no es tener un documento gráfico de algo, sino demostrar (y posiblemente compartir de forma inmediata) que se estaba allí.

Mundo selfie en el que quien se supone es el centro de atención pasa a un segundo plano y de ver caras pasa a ver espaldas que lo convierten en mero decorado.

Selfie Hillary

Fotografía de VictorNG

Da la sensación de que independientemente de lo que hagan las empresas, los usuarios se están poniendo ellos mismos en el centro.

Tenía razón Heráclito al decir que “todo fluye”.

Vivimos unos tiempos en los que los cambios son vertiginosos, en los que no podemos dar nada por sentado, en los que lo que valía ayer puede ser que no valga hoy por la mañana.

Hay quien a tener los ojos permanentemente abiertos y a adaptarse a los tiempos le llama transformación digital. Yo le llamo vivir el presente. Y hay que estar muy despierto, porque a esta velocidad, el presente ya fue ayer.