¿Es el correo electrónico el futuro de la comunicación?

Publicado por en Comunicación, correo, Empresa

correo vintage

A finales de 1992 mandé mi primer correo electrónico.

Fue en un entorno académico y no era muy consciente de lo que estaba haciendo. Solo sabía que entrando en un servicio en un ordenador (Apple, por cierto) de la escuela en la que estudiaba, un compañero que estaba de intercambio en una universidad en EE.UU. recibiría el mensaje y me podría responder.

Creo que no fue hasta que en el segundo trimestre de 1994 me incorporé a una gran empresa española, filial de una multinacional británica, que no mandé el segundo. Al incorporarme a esta compañía me asignaron una cuenta que solo funcionaba dentro de la empresa. Bastantes meses después de mi incorporación (no sé si incluso años) encontré la forma de “hackear” el sistema y mandar mensajes fuera de la empresa. Todo un descubrimiento, aunque la verdad con limitada utilidad, porque en las demás empresas que usaban el correo (que no eran todas) tenían las mismas limitaciones que nosotros.

En aquellos tiempos el correo electrónico fue un invento con adopción principalmente corporativa que acabó usándose masivamente en esos entornos, si bien es cierto que lo fue para comunicaciones profesionales, pero no para comunicaciones con los clientes, salto que tardó mucho en llegar, primero porque los clientes no tenían dirección de correo electrónico, y luego porque no sabíamos cómo ni para qué usarlo, si es que lo guardábamos entre los datos de contacto del cliente (cosa que muchas veces no se hacía).

Los que tenemos más de unos años ya, tuvimos nuestra primera cuenta de correo proporcionada por nuestra empresa, y cuando se empezó a usar el correo electrónico para comunicaciones personales, usábamos esa dirección profesional. De hecho hay personas que, sorprendentemente, lo siguen haciendo así.

En 1996-1997 empezamos a abrir cuentas en Hotmail o Yahoo pero la mayoría de las comunicaciones personales se hacían con cuentas corporativas. Acceder al correo desde casa no era tarea fácil.

Hoy estamos en 2016.

¿Para qué usamos el correo electrónico?

Mis hijas adolescentes pasan semanas sin consultar sus cuentas de correo (y cuando lo hacen es porque les aviso de que les he mandado algo). Nuestras cuentas personales están llenas de spam, newsletters que borramos sin leer o notificaciones de transacciones que, en muchos casos, ya hemos recibido por otros canales o consultado on line.

Nuestras comunicaciones personales se han mudado a Whatsapp, Twitter, Snapchat, Telegram, Hangouts, FaceTime, Facebook Messenger … a veces hasta llamamos por teléfono.

¿Y en el trabajo?

Pues salvo honrosas excepciones seguimos con el correo electrónico. Muchos milenials tienen cuenta de correo personal solo porque hace falta para registrarse en muchos de los servicios on line en los que están dados de alta pero ya no las usan ni para escribir a sus abuelos (para eso ya tienen Whatsapp).

Esos milenials, cuando llegan a un trabajo y les dan una cuenta de correo electrónico, ¿qué piensan?

Antes usábamos el correo de la empresa para temas personales. ¿No usamos ahora los canales alternativos personales para uso profesional porque nos resulta más adaptado a nuestra forma de comunicarnos?

Termino de corregir este texto y me encuentro con la reseña de un experimento en el que 13 trabajadores de equipos diferentes dejaron de usar el correo electrónico durante 5 días. El resultado, cuando menos, curioso: se levantaban más de la silla para ir a hablar en persona con quienes necesitaban comunicarse. Prefirieron la comunicación cara a cara frente a la llamada telefónica.

Curioso.

No veo yo que el futuro de las comunicaciones corporativas sea el correo electrónico. Al menos no como lo conocemos hoy día.