Hoy mi padre me ha pedido que le ayude con un problema.
Se acababa de gastar 11 euros en un libro en formato electrónico, pero no lo podía ver de ninguna forma ni conseguir que Calibre lo convirtiera para cargarlo en su Kindle.
Mi padre está a punto de cumplir 76 años, y desde que el año pasado le compramos el Kindle nos ha quedado muy claro que acertamos plenamente. Mi padre es uno de esos early adopters de este tipo de dispositivos a los que la tecnología les importa poco, porque la ven como un medio que les da acceso a otra cosa a la que ya estaban enganchados: la lectura.
El problema que tenía mi padre es que el libro que se acababa de comprar venía protegido con DRM de Adobe.
Es decir, que alguien en algún sitio, parapetado tras una mesa de despacho y protegiendo un modelo de negocio que ya no se sostiene, decidió en algún momento el dispositivo con el que mi padre tenía que acceder al archivo que hace unas horas acababa de comprar y, además, complicarle mucho la vida.
Cuando le he contado que lo que se acababa de descargar no era el libro sino un enlace y que para abrirlo tenía que asociar en el navegador el formato a Adobe Digital Editions (y descargarse este programa, claro) para así descargarse el libro, pero que aún así no podría cargarlo en su Kindle salvo que rompiera el DRM, me ha dicho con gran dolor de su corazón: "la verdad es que se le quitan a uno las ganas de comprar libros electrónicos, descargarlos sin pagar hace que sea todo mucho más fácil".
¿Por qué la industria editorial tiene que poner barreras que hacen que sea todo tan complicado? Los lectores de verdad quieren (queremos) leer, y entendemos que hay que pagar por los libros que queremos leer, pero tener que dedicar casi tres horas a investigar cómo cargar algo que se ha pagado ya (y bien pagado, porque 11 eurazos por un libro que en papel en Casa del Libro cuesta 16... pero ese es otro tema) al dispositivo elegido, y además sentirte como un delincuente al hacerlo no es de recibo. No señor.
El que quiere encontrar ese mismo libro para descarga directa sin pagar lo tiene muy fácil ¿por qué el que quiere pagar lo tiene tan difícil? ¿Qué estamos incentivando?
30 junio, 2011
Las editoriales se equivocan.
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libro electrónico
24 junio, 2011
Cierra Google Health.

Era una iniciativa complicada que ni siquiera fue lanzada realmente en todos los países en los que Google está presente.
Google Health tenía todo el sentido sobre el papel (sobre todo con un sistema sanitario como el norteamericano) pero todos los beneficios que podía aportar requerían una adopción masiva por parte de las instituciones sanitarias y una comprensión real por parte de los pacientes de la utilidad del servicio.
Google Health es la esencia de la Historia Clínica Electrónica (Electronic Health Record). Una idea lógica que beneficia a todas las partes involucradas, pero que encuentra enormes barreras cuando salta del papel a la implantación.
Decía aquí hace tiempo que en este tema la polémica estaba servida, y es esa polémica la que hace que lo que Google Health representa sea, en el corto y en el medio plazo, un sueño que no será realidad.
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salud
11 junio, 2011
RSS y otros bichos raros.
Veo en Microsiervos esta cita de Marshall Kirkpatrick:
Mi opinión es esta, y voy a intentar decirla sin sobresaltarme demasiado: La falta de adopción del software de lectura RSS por parte de los consumidores y negocios es de los sucesos en la reciente historia tecnológica que peor habla del estado de la humanidad. Que un repositorio personalizado y centralizado de actualizaciones hechas via canales dinámicos de información ofrecidos por fuentes gratuitas y confiables de publicación democrática en todo el mundo haya sido ignorado tecnológicamente y reemplazado en la atención popular por jueguitos que pudren la mente hechos en Flash en Facebook es tan deprimente como la manera en la que los sueños de la educación pública se quebraron cuando la promesa de la televisión se volvió su realidad […] Es terrible. Es razón para empacar todo e irse a casa.
No comparto el tono apocalíptico de la cita, pero comparto totalmente el fondo.
Me sigue sorprendiendo cada día que un porcentaje superior al 90% de mis interlocutores profesionales no solo no utilicen lectores RSS sino que ni siquiera saben de qué les estoy hablando cuando les pregunto si saben lo que son.
En la era de la personalización total, de las herramientas para adaptar a mis gustos y necesidades prácticamente todo, la mayor parte de los profesionales no sabe lo que es algo que dejó de ser una novedad cuando Bloglines dejó de ser un estándar.
A pesar de que hay quien los está abandonando por el uso que hacen de Twitter, yo sigo encontrando los lectores RSS de enorme utilidad.
En mayo de 2005, cuando escribí "Todavía nos falta mucho" tal vez era pronto, pero seis años después parece que las cosas han cambiado poco.
En la era de la personalización total, de las herramientas para adaptar a mis gustos y necesidades prácticamente todo, la mayor parte de los profesionales no sabe lo que es algo que dejó de ser una novedad cuando Bloglines dejó de ser un estándar.
A pesar de que hay quien los está abandonando por el uso que hacen de Twitter, yo sigo encontrando los lectores RSS de enorme utilidad.
En mayo de 2005, cuando escribí "Todavía nos falta mucho" tal vez era pronto, pero seis años después parece que las cosas han cambiado poco.
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