24 octubre, 2007

Spam telefonico.

Hace meses que tengo este post a medias, a ver si lo remato.

Vi en su día en eTc que están empezando a surgir compañías que pagan con crédito por la recepción de mensajes publicitarios en el teléfono.

A Rafa le pasa como a mi, que nos cuesta cortar las llamadas comerciales. Debemos ser los únicos dos mirlos blancos que recibimos a todo el mundo.

Pero nunca en mi vida había podido imaginar que la agresividad comercial se iba a aliar con la inexistencia de una Ley de Protección de Datos como Dios manda para que cualquiera te ataque impunemente en el teléfono de tu casa a la hora de la cena.

Desde que llegué a EE.UU. (prácticamente desde que me instalaron el teléfono), recibo llamadas telefónicas, normalmente no para venderme nada, sino para pedirme dinero.

En varias ocasiones me han llamado de asociaciones de State Troopers (algo así como la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil) para pedirme dinero, directamente y sin reparos. Te llama un agente con una voz que intimida, te demuestra que además de tu teléfono sabe tu nombre y tu dirección y te pide que le mandes dinero para financiar a la asociación (debo confesar que me siento extorsionado). Puedo contar más ejemplos similares.

Y el negocio para las operadoras debe de ser fabuloso, puesto que para evitar que te llamen te cobran todos los meses una cantidad.

Y todavía hay gente en España que se queja de la LOPD.

Claro que esto pasa en un país donde todo el mundo pide, y a todas horas y en todas partes y sin ninguna vergüenza: en la puerta del supermercado o en cualquier semáforo los del equipo de béisbol del colegio de al lado, los boy scouts (en mi época por lo menos hacíamos rifas o recogíamos botellas para sacar unas perras), las madres de los boy scouts, las asociaciones de veteranos; en el colegio de mis hijas esta semana hacen una competición a ver qué clase consigue más monedas de un centavo el lunes, de cinco el martes, de diez el miércoles ... (ya le he dicho a mi hija mayor que espero que no sigan así hasta los billetes grandes); la semana pasada quien llevara tres dólares podía ir vestido sin uniforme (puede haber mayor manipulación).